-Porque me gusta una chica -respondí.
-¿Y eso qué tiene que ver con el cigarrillo? - preguntó con extrañeza.
-Mucho, le dije-. Porque a los dos los he intentado dejar/olvidar una y otra vez... pero he fracasado, así que este es el único momento del día donde justifico mis gustos culposos.
Ella se quedó en silencio por unos segundos y vio que mi cigarrillo se consumía de a pocos.
-¿Me invitas uno? -preguntó con timidez.
-Nunca te he visto fumar -me preocupé de su reacción-. ¿No tienes que ir a trabajar?
-Sí, pero... -se quedó callada, sus palabras se perdieron en el silencio.
-Te entiendo -le dije para tapar el silencio que nos ponía más vulnerables-. Toma, aquí tienes... es hora de ahogarnos en el humo y en nuestras propias penas.
Eyan
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